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Cooperación como herramienta clave para conservar la Antártida

Con el objetivo de alcanzar esta meta y disminuir la pérdida de la resiliencia de este frágil ecosistema, vital para la salud del planeta, ambos países presentaron por primera vez en la reunión de la CCRVMA 2018 una propuesta binacional: la creación de un Área Marina Protegida conjunta en la Península Antártica.

Desde 1959 el continente antártico se administra bajo un sistema de gobernanza internacional denominado Tratado Antártico. El objetivo de este tratado es asegurar, en interés de toda la humanidad, que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional. Es en este sentido, y considerando a la Antártida como un regulador del clima mundial en tiempos cada vez más desafiantes para resistir las consecuencias del cambio climático global, que la creación de un Área Marina Protegida (AMP) en la Península Antártica se ha convertido de una urgencia vital.

En este camino, Argentina y Chile decidieron trabajar con una mirada integradora que permita impulsar la creación de un sistema de AMP, en un claro indicio de que el camino para construir los escenarios futuros es cooperando de manera regional e internacional, fortaleciendo las relaciones bilaterales.
Ante este desafío, nuestro presente exige la cooperación de las naciones para contrarrestar las problemáticas ambientales, en pos de un futuro posible.

La cooperación antártica

En materia de asuntos antárticos, tanto Argentina como Chile vienen desarrollando una política muy inteligente de apoyo y reconocimiento mutuo que se remonta a 1948. En efecto, de los siete países reclamantes originales de soberanía sobre el continente, previos a la firma del Tratado Antártico en 1959, son los únicos que reconocen de manera recíproca sus derechos territoriales además de figurar entre los doce signatarios originales del acuerdo. Cabe recordar, de todos modos, que la aceptación de ese tratado implica la suspensión de dichos reclamos en el tiempo.

Ya en nuestros días y luego de casi 60 años de vigencia, el sistema del Tratado Antártico ha demostrado ser una eficaz herramienta internacional para la conservación de la Antártida como un continente que por sus especiales características está dedicado a la paz, a la investigación científica y a la cooperación.

Sin embargo, hoy el continente antártico y todo su complejo y rico ecosistema enfrentan serios riesgos. El cambio climático y la presión sobre recursos pesqueros como el kril antártico o la merluza negra, amenazan con provocar serios desequilibrios en esa zona tan importante para la regulación del clima mundial. El solo ejemplo del kril debe llamarnos a la reflexión sobre cómo una fuerte presión extractiva en ese recurso vital para la vida antártica puede dañar el delicado equilibrio antártico. Es tan así su importancia que el kril forma la base de la cadena trófica del complejo ecosistema antártico representado por pingüinos, ballenas, focas, diversas aves, entre otros, que dependen de ese diminuto crustáceo para vivir.

Por esta razón, en 1982 entra en vigor la CCRVMA (Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos) la cual, como parte del Sistema del Tratado Antártico, se encarga de la conservación de esos recursos naturales, y en la que actualmente se está dando un debate profundo sobre la creación de una red de Áreas Marinas Protegidas que permitan salvaguardar la vida en el Continente Blanco. En este contexto, y retomando la relación cooperativa entre la Argentina y Chile, en la reunión de la CCRVMA de 2018, ambos países presentaron una propuesta binacional para la creación de un Área Marina Protegida en la Península Antártica. Este proyecto de AMP y su ubicación representa una verdadera herramienta de conservación de la fauna marina y el ecosistema antártico en general, ya que también por el efecto del calentamiento global hay en algunos puntos de la península un derretimiento progresivo del hielo, lo que afecta las zonas de cría del kril antártico, tan vital para la cadena alimenticia antártica. Si a esto le sumamos la presión pesquera, la resultante es un fuerte impacto sobre la población de especies de aves y mamíferos ligados al kril. Por eso el proyecto de AMP prevé zonas de pesca prohibida que permitan la recuperación del crustáceo y, por ende, de las otras especies asociadas.

Esta presentación se suma a la política de inspección conjunta de bases y otras políticas conjuntas como la patrulla antártica binacional, dando un gran paso no solo hacia la conservación del ecosistema antártico, sino en el fortalecimiento del Sistema del Tratado Antártico en su conjunto.

Argentina y Chile

Desde las restauraciones democráticas en ambos países, las repúblicas de Argentina y Chile han ido consolidando un camino de creciente cooperación regional e internacional que permite mirar la relación bilateral como un buen ejemplo de madurez política. En este sentido, Vida Silvestre auspicia la creación de un sistema de áreas marinas protegidas que permitan atender a estos fenómenos, con el objetivo de mantener las condiciones naturales que permiten el desarrollo de la vida y por los efectos indirectos de este aspecto hacia el fortalecimiento del vínculo bilateral.

La importancia del Krill para los océanos del sur.

  1. El krill antártico depende del hielo marino para la reproducción. Sus larvas y juveniles nadan cerca del fondo del hielo marino, donde se alimentan de algas en el invierno.
  2. Las temperaturas alrededor de la Península Antártica están aumentando más rápido que en cualquier otro lugar de la Tierra, lo que lleva a reducciones drásticas en el hielo marino y disminuciones posteriores en la abundancia de krill.
  3. Los científicos creen que la pérdida de hielo marino a lo largo de la Península Antártica está contribuyendo a la disminución de poblaciones de pingüinos emperador, Adelia y barbijo, en parte porque algunas especies de pingüinos dependen del hielo para la cría y crianza de sus polluelos y debido a la pérdida de hielo marino, que está reduciendo la abundancia de su comida favorita: el krill.
  4. El krill antártico es una especie clave, que sirve como una fuente importante de alimento para más del 25 por ciento de las especies en la red alimenticia antártica. El krill es la presa de elección para los pingüinos, focas, ballenas y muchas especies de peces. Proporcionan más del 96 por ciento de las necesidades calóricas de las aves marinas antárticas y los mamíferos marinos.
  5. Los pingüinos representan el 90 por ciento de todas las masas de aves marinas en la Península Antártica y el Mar de Escocia. Como centinelas de la salud del océano, ayudan a los científicos a comprender cómo reaccionarán otros depredadores a los cambios en los ecosistemas y la disponibilidad de presas.
  6.  Los barcos de arrastre de krill concentran la actividad de pesca cerca de las áreas costeras donde se juntan las poblaciones de pingüinos y focas para reproducirse. Esto reduce la abundancia de kril local cerca de las colonias de pingüinos y puede ser perjudicial para la supervivencia de los pingüinos.
  7. Debido a la disminución en el krill, los pingüinos deben nadar más lejos de la costa para alimentarse, lo que disminuye su éxito en la cría y la crianza de sus polluelos.
  8. El aumento de la pesca de krill y la disminución de la abundancia de krill aumenta la competencia por los alimentos entre las especies depredadoras.
  9. El krill se usa para hacer alimentos para granjas industriales y acuicultura, y también se hace en suplementos de omega-3.

Créditos y autores:

  • Alejandro Ursino
  • USH Magazine en conjunto con Fundación Vida Silvestre, entidad asociada a la Organización Mundial de Conservación (World Wildlife Fund).

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Un grupo de expertos plantea que se reconozca una nueva época de la Tierra: el Antropoceno

El geólogo y paleontólogo británico Jan Zalasiewicz es uno de los cofundadores del Grupo de Trabajo del Antropoceno, quienes desde hace más de diez años vienen reuniendo evidencia para que la Comisión Internacional de Estratigrafía incorpore oficialmente esta nueva época a la carta cronoestratigráfica internacional.

En diálogo con el autor, el académico de la Universidad de Leicester, Inglaterra, explicó que “el Antropoceno es un cambio reciente a escala de época, en el que los impactos humanos asociados con la industrialización moderna y la globalización se han vuelto abrumadores (y efectivamente irreversibles)”. Estos incluyen “el calentamiento global antropogénico, la pérdida de biodiversidad, los cambios en el paisaje, muchas formas de contaminación y las señales geológicas que generan”.

Este cambio global ha estado bajo la lupa desde 1986, cuando el Consejo Internacional de Ciencias dio luz verde al Programa Internacional Biosfera-Geosfera. Tras 14 años de investigación, uno de sus referentes, el fallecido nobel de química Paul Crutzen, concluyó que la Tierra había abandonado la -relativamente estable- época del Holoceno, en la que surgió la civilización humana, para ingresar a la del Antropoceno. El equipo que cofundó con Zalasiewicz ahora debe determinar el lugar exacto en el que esta época comenzó.

“Una gama de posibles ubicaciones está siendo analizada en todo el mundo, y la mejor será propuesta como referencia mundial para el inicio del Antropoceno, a ser decidida por la Comisión Internacional de Estratigrafía”, explica Zalasiewicz. Para eso, el equipo ha decidido buscar el límite en depósitos lacustres y capas de hielo: “Muestran una amplia gama de señales geológicas que reflejan los cambios globales a gran escala que tuvieron lugar a mediados del siglo XX”.

Los primeros impactos humanos

Ocurrieron hace 3700 años, cuando la agricultura alteró el dióxido de carbono lo suficiente como para mantener el calor estable y retrasar una nueva glaciación. Esto llevó al concepto de “Antropoceno temprano”, para diferenciarlo de las primeras propuestas, como la de Crutzen, que lo vincularon con la Revolución Industrial. Pero un examen más reciente del grupo ha identificado su inicio con el fin de la Segunda Guerra Mundial, un proceso conocido como la Gran Aceleración.

Según Zalasiewicz, por fuera de las ciencias terrestres no todos entienden lo mismo por Antropoceno. “Una de las tareas a las que nos enfrentamos es comprender, aclarar y resolver las distintas interpretaciones del Antropoceno”, indica. Una confusión común es entenderlo como “la época de los humanos”, lo que no es cierto. El sufijo ceno fue introducido por Charles Lyell, padre de la geología moderna. Proviene del griego kainos, que significa “reciente” y se utilizó en referencia a la era cenozoica, que surgió con el dominio de los mamíferos (Cenozoico quiere decir “animales recientes”).

Diversas capas

Lyell distinguió varias capas con distintos niveles de registros fósiles. A cada uno lo bautizó según la cantidad de registros encontrados. Por ejemplo, Mioceno quiere decir “pocos registros fósiles son recientes” (meios es “pocos”), y Holoceno significa “todos los registros fósiles son recientes” (Holos es “todo”). Así, Antropoceno no significa era humana, sino época en la que los estratos están dominados por “registros fósiles de origen humano reciente”.

El equipo está buscando un límite formal en estratos que muestren señales variadas, como “radionucleidos artificiales, partículas de plástico y cenizas volátiles de la quema de hidrocarburos industriales, que caracterizan claramente a los estratos de los últimos setenta años como distintos de todos los estratos anteriores”.

Sin embargo, la geología ha sido una ciencia conservadora, porque no se ha basado en la experimentación, sino en la observación. Un ejemplo clásico de esto está en las conclusiones de los primeros geólogos, que eran aristócratas y sacerdotes que creían, junto con el obispo irlandés James Ussher, que el mundo había sido creado por Dios el 23 de octubre del año 4004 a.C. (del calendario juliano).

Según Zalasiewicz, “el Antropoceno es geológicamente real, y esto es ampliamente aceptado. Los obstáculos a la formalización, que pueden ser percibidos por los geólogos acostumbrados a trabajar en escalas de tiempo de millones de años utilizando evidencia geológica clásica, pueden incluir la brevedad del Antropoceno hasta ahora (el equivalente a una sola vida humana), la naturaleza nueva y sin precedentes de algunas de sus señales geológicas, como los ‘tecnofósiles’, a menudo hechos de materiales novedosos como los plásticos, y el uso del término mucho más allá de la geología, incluso en discusiones sociopolíticas”.

Pero sea formalizado o no, para el fundador de este equipo de expertos el Antropoceno “ya representa un medio nuevo, generalizado y útil para considerar los cambios en curso en nuestro planeta”.

Créditos y autores:
  • Roberto Andrés Ríos Díaz

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El tiempo se agota

Nuestro planeta está siendo gravemente perjudicado por los efectos del cambio climático y las actividades humanas que contaminan el ambiente. La Amazonía Peruana no es la excepción: sus ríos, sus bosques, su flora, su fauna y sus diversos ecosistemas, se encuentran en peligro a causa de la minería ilegal, la instalación excesiva de centrales hidroeléctricas, la agricultura no sostenible y la tala indiscriminada. El futuro de esta región y el de su población es incierto e incluso, las Comunidades Nativas -pueblos originarios que habitan allí desde hace miles de años- corren el riesgo de desaparecer.

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Deforestación de la Amazonía

En la Amazonía, la cuenca de bosque tropical más grande del mundo, la deforestación ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Esto se debe en gran parte a la utilización del suelo del bosque para actividades como la agricultura o la ganadería.
En la Selva Central de la Amazonía Peruana -una región subtropical ubicada en el centro del país, repleta de cerros y ríos, y denominada “la puerta de entrada a la Amazonía” debido a su ubicación justo a un costado de la cordillera de los Andes-, el aumento de la deforestación es innegable y está generando un paisaje desolador.
Ante esta destrucción de los bosques, los pueblos originarios que habitan la Amazonía son una de las poblaciones más vulnerables. La extinción de diferentes especies animales y vegetales, los enfrenta a la modificación e incluso a la pérdida de sus costumbres, de sus hábitos, y hasta de su propia identidad ancestral; y además, en ocasiones, los obliga a abandonar sus territorios de forma involuntaria.
Según Lino Hereña, miembro de la Comunidad Nativa Asháninka “Bajo Kimiriki”, ya no existe un control natural del bosque ni del medio ambiente. “Aquí ya no hay animales como el Tapir, el Samani, el Cutpe o el Paujil, especies que antes habitaban la Selva junto a nosotros. Lo mismo con algunas plantas o árboles frutales que ya desaparecieron”, señaló.
Campos de Piña
Por su parte, Teddy Sinacay, líder de la Comunidad nativa Asháninka “Impitato Cascada”, coincide en que en la actualidad en Selva Central “prácticamente ya no hay bosque” y aseguró que la supervivencia de los pueblos originarios está en riesgo debido a esta escasez de animales y de vegetación. “Ya no podemos cazar, no podemos pescar porque los ríos están contaminados, y ni siquiera podemos acceder a nuestras plantas medicinales. Entonces, ¿Cómo vamos a sobrevivir?”, afirmó con tristeza.
Las proyecciones calculan que el uso del suelo para la agricultura en Selva Central se incrementará en más del 30% para el año 2035. Ante esto, Manuel Albán, Ingeniero Agrónomo que trabaja junto a Comunidades Nativas desde hace años, aseguró que el cambio en el uso de los suelos es uno de los mayores problemas actualmente en esta región. “Aquí se realizan muchos cultivos de piña, kion -jengibre- o cúrcuma, y eso es un pecado porque prácticamente se queman bosques, se cultiva y luego esa tierra queda degradada”, expresó. Y agregó que para que esa tierra vuelva a recuperar la cobertura vegetal que inicialmente tenía, deben pasar largos períodos.

Impactos de la minería y las centrales hidroeléctricas

La actividad minera -legal e ilegal- abunda en Selva Central y en toda la Amazonía peruana, y las consecuencias negativas que ésta genera sobre el medio ambiente son notorias. Carlos Chavarría, al mando del Frente de Defensa Ambiental de la ciudad de Pichanaki -FREDAPI-, lucha hace varios años en defensa de la naturaleza que lo rodea y no puede concebir que se dañe de esta forma el medio ambiente. “Por la actividad minera, se han contaminado los ríos, se está afectando a las plantas, a los animales y, por consiguiente, a la población local”, expresó con angustia. Además, confesó que muchos de estos daños son irreversibles y que si no se frena todo esto, las consecuencias y los cambios negativos en el futuro van a ser mayores.
Además de la actividad minera, existe otra amenaza latente en la Amazonía, que es la excesiva instalación de centrales hidroeléctricas en toda la región, la cual genera impactos en el medio ambiente como la alteración del régimen hídrico, la reducción de la biodiversidad, la contaminación de las aguas, el aumento de la deforestación y la destrucción de los bosques. Tampoco deben olvidarse los numerosos impactos sociales que pueden generarse tanto en la etapa de construcción como en la de operación de las centrales hidroeléctricas.
Central Hidroeléctrica
Miguel Samaniego, miembro de la Comunidad Nativa Asháninka “San Miguel”, expresó la postura de todos los pueblos originarios con respecto a la instalación de empresas que obtienen los recursos de la Amazonía: “Para nosotros, toda intervención de cualquier empresa que genere algún cambio en la naturaleza, provoca un daño irreversible que afecta a toda la población de la Selva Central”. Además, señaló que existe una vulneración de los derechos que no hablan, como el agua, los árboles, los insectos y los animales, “la tierra no habla, nosotros debemos hablar por ella”, aseguró.

El cambio climático y sus efectos en la Amazonía

Todas las actividades mencionadas anteriormente, además de dañar los ecosistemas y la biodiversidad, y de generar contaminación en el ambiente, contribuyen directa o indirectamente en la emisión de gases de efecto invernadero, y por ende son en parte responsables del actual calentamiento global que afecta a la Amazonía y al mundo entero.
Uno de los principales efectos del cambio climático en esta región es la modificación de la temperatura. Según un estudio realizado por el Instituto Geofísico del Perú, la temperatura máxima en la Amazonía peruana es cada vez más intensa y, por ende, los días en Selva Central tienden a ser más calurosos. El presidente del Frente de Defensa Ambiental de Perené -FREDAPE-, Domingo Suárez, expresó que antiguamente en la región la temperatura más alta llegaba a los 35° o 36°, pero que hoy en día, llega a los 39° o 40°. “Todos los habitantes de la zona afirman que el calor es insoportable y mucho más fuerte que antes”, aseguró.
Otro de los efectos del cambio climático actual en Selva Central es la modificación en la frecuencia de las precipitaciones. Durante un año, llueve cada vez menos, sin embargo se producen lluvias intensas que se concentran en menor tiempo. Esto ocasiona por un lado, una mayor duración de los periodos secos y, en consecuencia, menor disponibilidad de agua; y por otro, la ocurrencia de eventos meteorológicos extremos como inundaciones, lluvias intensas o huaycos -desprendimientos de tierra-. Así lo confirmó Miguel Samaniego, miembro de una Comunidad Nativa: “Ahora llueve con fuerza y como ya no hay vegetación en los cerros debido a la deforestación, se producen desastres. Antes, los árboles mismos agarraban las piedras a la tierra, en cambio, ahora llueve y produce huaycos e inundaciones”.
Por otro lado, uno de los mayores problemas que está ocasionando el cambio climático en Perú es el retroceso de los glaciares, como sucede con el nevado de Huaytapallana, que a la fecha ha perdido cerca de 5.300 metros cúbicos de masa glaciar. Esto trae consecuencias devastadoras: muchas especies que antes habitaban allí, han desaparecido o se han desplazado y además, el ciclo hidrológico de toda la Selva Central se encuentra alterado. Cabe destacar que los glaciares de la zona andina desempeñan un papel clave en el sistema hidrológico de la Amazonía y constituyen reservorios y fuentes de agua necesarios para el consumo humano. Por este motivo, cuando se ven afectados, condicionan enormemente el desarrollo de la región.

¿Qué futuro le depara a la Selva Central?

Perú está entre los países más vulnerables a los efectos del cambio climático; y la Selva Central de la Amazonía de este país, entre las regiones más vulnerables a nivel nacional. Esto lleva a preguntarse si se está haciendo todo lo posible por proteger esta zona, si la sociedad que la habita es consciente de esta problemática y, en definitiva, si podemos tener esperanzas para nuestro futuro.
Selva Central
En este sentido, las opiniones son muy variadas, sin embargo, todos coinciden en que si no se hace nada para mitigar este cambio climático y si no se toma conciencia pronto, el futuro es desalentador. Domingo Suárez señaló que si no se regula la actividad de las empresas extractivas de la Amazonía peruana, el futuro será desolador para esta parte del planeta. “Si las leyes no se cambian y se siguen manteniendo como hasta ahora, favoreciendo a las empresas extranjeras, la Selva Central peruana va a convertirse en un desierto”, expresó.

¿Y Qué futuro les depara a las comunidades nativas de la Amazonía?

Los efectos del cambio climático y la contaminación del medio ambiente están perjudicándolos día a día. Están sufriendo la pérdida de los territorios que antes les pertenecían; sus costumbres, sus hábitos, y su identidad se están viendo afectados, al igual que sus modos de vida en armonía con la naturaleza. Hoy en día, más de 300.000 nativos de toda la Amazonía desconocen cuál será su futuro e incluso algunos temen por su desaparición.
Así lo reconoció Fredy Ucayali Santos, Jefe de la Comunidad Nativa Asháninka “Pampa Michi”, quién aseguró que si todo sigue igual, dentro de unos pocos años desaparecerá la raza Asháninka. “Es realmente preocupante. Nosotros no somos como una piedra, no vivimos eternamente. ¿Quiénes son los que van a sufrir? Nuestros nietos y bisnietos que van a venir”, afirmó.
Comunidad Nativa Asháninka Pampa Michi
Está claro que, para soñar con un futuro mejor, se debe actuar ya a favor del medio ambiente, no hay tiempo que perder. Así lo reconoció Walter López, especialista en Gestión del Cambio Climático del Gobierno de la región Junín: “Nosotros podemos planificar con escenarios climáticos futuros de aquí a 50 años, pero si no hay acción ya, esos escenarios van a ser peores. Entonces, el costo de no hacer nada ahora se va a elevar cada año que pase y los impactos van a ser cada vez más grandes”, aseguró.
El cambio climático es una problemática que ya está aquí. En mayor o menor medida, ya se están sintiendo sus efectos en todo el mundo. Es por eso que se debe pensar en las nuevas generaciones y actuar ya mismo si se quiere asegurar el futuro del planeta y el de todos los seres vivos que lo habitan.

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Créditos y autores:

  • Alejandro Russenberger
  • Lucie Touzi

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Periodismo y cambio climático

El objetivo de esta guía para periodistas es presentar una serie de reflexiones y recomendaciones para incluir el enfoque de salud en las noticias y las historias sobre cambio climático que se difunden en los medios de comunicación.

Este documento propone un recorrido a partir de la experiencia de un conjunto de periodistas de América Latina de destacada trayectoria en diferentes campos de especialización (periodismo de ciencia, de salud, de datos y de energía), quienes reflexionan acerca de su propia práctica y, de manera generosa, comparten saberes y aprendizajes con sus colegas. Las diferentes secciones de la guía contienen ideas, consejos y herramientas útiles para incorporar el enfoque de salud a la cobertura sobre cambio climático desde el momento inicial en el que se propone un tema o se concibe una historia.

En Salud sin Daño, esperamos que esta guía sea de utilidad para periodistas y editores, y que permita enriquecer, expandir y fortalecer la cobertura sobre cambio climático desde un enfoque de salud con una mirada amplia: no solamente cubrir los impactos, sino también abordar las soluciones vinculadas con la acción climática desde una perspectiva que incluya los beneficios asociados para la salud y el bienestar de nuestras comunidades.

Contenidos de la guía:

  1. El enfoque de salud en las noticias sobre cambio climático: oportunidades y desafíos (por Carolina Gil Posse)
  2. Herramientas desde el periodismo de ciencia (por Juan Mayorga, Aleida Rueda y Yanine Quiroz)
  3. El desafío de encontrar historias escondidas en datos (por Damián Profeta)
  4. Recomendaciones desde el periodismo de salud (por Roxana Tabakman)
  5. El costo oculto de la energía: impacto y cobeneficios en la salud (por Pilar Assefh)

El enfoque de salud en las noticias sobre cambio climático: Desafíos y oportunidades

En el año 2015, una comisión multidisciplinar e internacional creada por la prestigiosa revista médica The Lancet se propuso investigar cuáles son los impactos del cambio climático sobre la salud de las personas y cuáles deben ser las políticas necesarias para garantizar la salud para las poblaciones de todo el mundo en este contexto. Como resultado de ese trabajo, la comisión elaboró un informe en el que señala que el cambio climático amenaza las mejoras en salud pública alcanzadas durante los últimos 50 años. Al mismo tiempo, lejos de ser apocalíptico, advertía que una respuesta concreta y urgente para enfrentar el cambio climático podía ser la mayor oportunidad para la salud global del siglo XXI (Watts et al, 2015).

El 12 de diciembre de ese mismo año, en París, 197 países alcanzaron un acuerdo histórico para combatir el cambio climático, en el marco de la 21° Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC). Meses después de ese anuncio, en junio de 2016, Christiana Figueres —quien por entonces era la secretaria ejecutiva de la CMNUCC— pronunció un discurso ante la 69ª Asamblea Mundial de la Salud, el órgano decisorio de la Organización Mundial de la Salud, en el que sostuvo que el Acuerdo de París era “en realidad un acuerdo sobre salud pública”.

Desde inicios de este siglo, ha aumentado el interés de la comunidad científica en estudiar los impactos del cambio climático sobre la salud de las personas. Ya en 2001, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —IPCC, por sus siglas en inglés— publicaba su Tercer Informe de Evaluación, en el que aseguraba que “el cambio climático mundial tendrá diversos impactos sobre la salud humana” (IPCC, 2001, p. II.44):

Los cambios en las frecuencias de calor y frío extremos, las frecuencias de las inundaciones y las sequías, y el perfil de los aeroalérgenos y la contaminación en el aire local afectarían directamente a la salud de la población. Otros impactos para la salud provendrían de los efectos del cambio climático en los sistemas ecológico y social. Estos efectos incluirían cambios en los brotes de enfermedades infecciosas, la producción local de alimentos y la desnutrición, y diversas consecuencias para la salud provenientes de los desplazamientos de la población y la desorganización económica. (IPCC, 2001, p. II.44)
Entre 2007 y 2016, se triplicó la cantidad de investigaciones sobre salud y cambio climático publicadas en revistas científicas en inglés (Watts et al, 2018). Entre los impactos identificados por la ciencia, figuran el aumento de la exposición a enfermedades tropicales transmitidas por vectores, una mayor exposición a olas de calor y el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, entre otros (Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, 2016; Vergara et al, 2014). A su vez, según The Lancet, “los síntomas humanos del cambio climático son indiscutibles y potencialmente irreversibles” (Watts et al, 2018, p. 581).
Históricamente, el cambio climático ha sido presentado como un problema ambiental —más recientemente, como un problema político—, pero no como un problema de salud pública. Desde las ciencias sociales, se estudia con mucho interés la manera en que se comunica un determinado tema debido a las consecuencias que esa decisión conlleva: mediante el marco que se elija —ya sea intencionalmente o no—, se estarán enfatizando ciertos aspectos del problema por sobre otros, “lo que crea un contexto determinado para la percepción del tema y la discusión alrededor de sus causas, sus riesgos y acciones de políticas posibles, además de costos y beneficios que puedan resultar de esas acciones” (Myers et al, 2012).
En los estudios de comunicación, existen diferentes definiciones para entender de qué hablamos cuando decimos encuadre —o framing, en inglés—. Una de las definiciones más citadas es la de Entman (1993), quien explica que encuadrar es “seleccionar algunos aspectos de una realidad que se percibe y darles más relevancia en un texto comunicativo, de manera que se promueva una definición del problema determinado, una interpretación causal, una evaluación moral y/o una recomendación de tratamiento para el asunto descripto” (Aruguete, 2011, p. 70).
Si pensamos en la manera en que se comunica el cambio climático, existen diferentes enfoques que permiten enfatizar ciertas dimensiones por sobre otras. Ante el aumento de la evidencia científica acerca de los impactos del cambio climático sobre la salud de las personas, profesionales de la ciencia y la medicina han alzado la voz para promover una transformación de la narrativa y posicionar al cambio climático como un problema de salud pública (Frumkin et al, 2008). A la vez, algunas investigaciones sostienen que poner el foco en los cobeneficios de la acción climática en favor de la salud de las comunidades puede incluso ser más eficiente para generar un mayor compromiso de parte de las audiencias (Maibach et al, 2010; Myers et al, 2012).

La cobertura en América Latina

Gracias a los datos de Radar Climático, un observatorio que monitorea la cantidad de noticias sobre cambio climático que se publican en 50 medios de 13 países de América Latina —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela—, es posible observar algunas tendencias en la cobertura en nuestra región.
En octubre de 2020, de un total de 153.641 noticias analizadas, solamente el 1,1 % estuvieron relacionadas con el cambio climático: 0,98 % lo mencionaban, mientras que en el 0,12 % era el tema principal. Estos valores son similares a los del resto de los meses de 2020 y 2019 relevados, salvo por algunas pocas excepciones. Por ejemplo, en septiembre de 2019, las protestas encabezadas por jóvenes y la Cumbre del Clima convocada por la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York impulsaron una mayor cobertura a nivel regional: del total de las noticias relevadas, 1,94 % estuvieron relacionadas con el cambio climático (1,58 % lo mencionaban, mientras que en el 0,36 % era el tema principal).
Para los medios de comunicación, la cobertura del cambio climático presenta algunos desafíos: por ejemplo, el foco puede estar puesto en la urgencia que se necesita para enfrentar el problema —“Quedan 3 años para salvar al mundo” (Aizen, 2017)— o en los beneficios de la acción climática —Lucha contra cambio climático favorecería crecimiento económico de los países (Soto, 2017)—. A la vez, es interesante explorar los diferentes enfoques utilizados para construir las noticias sobre cambio climático.
Existen diversas maneras de estudiar el encuadre de las noticias: desde una perspectiva de análisis formal-estilística, hasta aquella que está orientada al contenido, tanto en términos generales como específicos de un determinado tema (Schäfer y O’Neill, 2017). En el caso del cambio climático, es interesante estudiar los encuadres noticiosos específicos, ya que “retratan aspectos típicos de los eventos o temas, y permiten que éstos sean abordados en detalle, con un alto grado de especificidad” (Aruguete, 2011, p. 74). En este sentido, es posible hacer un recorrido por algunas investigaciones que permiten observar ciertas características de la cobertura sobre cambio climático en los medios de comunicación de América Latina.
Por ejemplo, un estudio que analizó cómo es la cobertura en cuatro medios digitales de Chile concluyó que la manera en que esos medios abordan el tema no refleja la discusión acerca de la adopción de un modelo alternativo de desarrollo, lo que favorece la postura discursiva de las élites con respecto al cambio climático (Hasbún-Mancilla et al, 2017). Otra investigación, que relevó la cobertura sobre cambio climático que realizaron ocho diarios de Perú en el contexto de la V Cumbre de Jefes de Estado de América Latina, el Caribe y la Unión Europea en 2008, encontró que las fuentes citadas eran principalmente de gobierno, mientras que los encuadres que prevalecieron fueron el político, el de los efectos y el de las soluciones (Takahashi, 2010).
A la vez, es interesante explorar los resultados de un estudio cualitativo sobre la comunicación del cambio climático en Argentina, que incluyó entrevistas a periodistas que cubren habitualmente el tema. En sus testimonios, explican las dificultades que tienen que enfrentar para lograr convencer a sus editores acerca de la importancia del tema, lo que hace que la cobertura quede relegada a las cumbres internacionales o a ciertos hechos no previsibles, como inundaciones y otros eventos climáticos extremos (Mercado-Sáez y Galarza, 2017).
En cuanto a estudios comparativos, una investigación que analizó las noticias sobre cambio climático publicadas en cuatro diarios de Argentina, Brasil, Colombia y Estados Unidos sostuvo que el enfoque que prevalece en los diarios de Brasil y Estados Unidos —grandes emisores de gases de efecto invernadero— es aquel que presenta al cambio climático desde una perspectiva económica y que destaca los avances en mitigación, mientras que en Argentina y Colombia prevalece el enfoque que plantea la urgencia de actuar frente al cambio climático y que enfatiza sus consecuencias catastróficas (Zamith et al, 2012). A la vez, un relevamiento de la cobertura de noticias sobre cambio climático en siete países de América Latina concluyó que “los planteos propositivos que aparecen en la prensa constituyen respuestas genéricas y estandarizadas en las que el periodismo alerta sobre la gravedad del problema sin señalar políticas demasiado específicas” (Kitzberger y Pérez, 2009, p. 46).

Para seguir leyendo, descarga la guía completa en PDF.

Salud sin Daño (2020). Periodismo y cambio climático.
Recomendaciones para la cobertura periodística desde un enfoque de salud.

Fuente original:
www.saludsindanio.org/cambio-climatico/guia-periodistas

Créditos y autores:

  • Carolina Gil Posse
  • Aleida Rueda
  • Juan Mayorga
  • Yanine Quiroz
  • Damián Profeta
  • Roxana Tabakman
  • Pilar Assefh